«Las residencias de salud mental orientan las actuaciones hacia valores como la autonomía»

10 de octubre de 2023
Martin Vargas web
Martín Vargas
Doctor en Medicina por la Universidad de Valladolid, con Máster en Metodología de la Investigación en Ciencias de la Salud por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, hemos tenido el placer de entrevistar a Martín Vargas, médico Especialista en Psiquiatría.

Asimismo, tiene experiencia docente en varias Universidades españolas y en la impartición de actividades de promoción de la Salud Mental, área en la que colabora con Foro Técnico de Formación desde 2022.

Debido a su amplia experiencia docente y profesional, hemos querido preguntarle sobre el modelo actual de atención sociosanitaria en el ámbito de la Salud Mental.

¿Cómo ves el cambio de paradigma en la dirección de las residencias de salud mental?

A mediados de los años 80 del pasado siglo se produjo un primer cambio hacia el paradigma actual, produciéndose un progresivo abandono del viejo modelo manicomial en el que la atención a los trastornos mentales graves se abordaba desde la exclusión social en las instituciones psiquiátricas.

Actualmente, nos encontramos en una etapa que se caracteriza por la implicación de los profesionales de la salud mental y de los profesionales de apoyo sociosanitario con el paradigma de la recuperación.

Si durante la reforma psiquiátrica las estructuras asistenciales fueron la clave, ahora el foco de interés está puesto en el saber hacer de los profesionales para la promoción de la autonomía de las personas discapacitadas. En este sentido, las buenas prácticas de las residencias de salud mental que buscan la excelencia orientan las actuaciones de sus profesionales hacia valores como la autonomía, el respeto a los derechos humanos, las prácticas no coercitivas y la intervención sanitaria basada tanto en la evidencia científica como en el saber hacer acumulado en sus profesionales expertos.

Has realizado formaciones presenciales como Modelo de recuperación en salud mental, Buen trato para clínicas, Patología dual: Enfermedad mental y discapacidad intelectual, Psicofarmacología básica en salud mental, Intervención en crisis en el ámbito de salud mental e Introducción a la rehabilitación psicosocial. ¿Qué tipo de inquietudes tenían los alumnos en estos cursos?

Los alumnos se han acercado a estos cursos con un claro deseo de aprender. Este deseo viene motivado, a mi modo de ver, porque tanto en salud mental en general como en los distintos ámbitos de la asistencia psiquiátrica cada pequeña actuación profesional está cargada de matices. Sin duda, en psiquiatría es donde cobra todo su sentido la expresión ‘el arte clínico’.

Por ejemplo, la eficacia de un psicofármaco muchas veces viene modulada por el marco psicoterapéutico en el que se prescribe y se administra, por la confianza que los profesionales generan en el o la paciente y por la cohesión del equipo asistencial.

He de decir que, para mí, participar en estas actividades docentes me supone también una riquísima fuente de formación, pues me da la oportunidad de aprender de la experiencia de profesionales que trabajan en dispositivos asistenciales muy diversos a lo largo y ancho de toda la geografía española.

En cada curso procuro que haya un coloquio continuo con los alumnos a lo largo de la exposición y al final de esta. Es en este coloquio donde tenemos más posibilidades de aprender, pues la exposición teórica se plasma en casos concretos que los alumnos están gestionando en su día a día laboral.

¿Crees que estas formaciones ayudan a los alumnos a mejorar sus competencias y carreras profesionales?

Creo firmemente que sí. De hecho, las ciencias de la salud avanzan muy rápido y se dice que un profesional que deje de reciclarse está obsoleto en cinco años.

Aunque es posible que esta afirmación sea un tanto excesiva, es importante pararse a pensar periódicamente, analizar lo que hacemos como profesionales y contrastarlo con las últimas evidencias y modelos.

De hecho, esta fuente de aprendizaje también es una manera de disfrutar de la profesión y de prevenir el agotamiento que tantas veces nos amenaza a quienes nos dedicamos a profesiones emocionalmente duras como son todas las relacionadas con la salud mental y con la atención sociosanitaria.

Respecto al ámbito de la Salud Mental en el sector de la formación, ¿cuáles crees que son los mayores retos a los que se enfrenta esta área de enseñanza?

Habría muchos, pero me quedo con cuatro.

El primero de ellos sería trabajar por una sólida formación transversal en bioética para todos los profesionales, especialmente para quienes prestan atención directa a los usuarios y pacientes. En este sentido, son ellas y ellos quienes llevan en último término a la práctica los principios de una atención sociosanitaria que promueva la recuperación de las personas.

En segundo lugar, hay mucho que aprender en psicoterapia grupal, una forma de psicoterapia en la que todos los profesionales somos agentes de salud. Y, no sólo eso, sino que se trata de conseguir que también los pacientes se conviertan en agentes de su propia salud y de la de sus iguales.

En tercer lugar, los técnicos superiores han de mantener una sólida formación en la lectura crítica de la evidencia científica. De esta forma, pueden elegir y administrar los más recientes tratamientos psicoterapéuticos y farmacológicos con criterios rigurosos.

Por último, desde el año 2000 ha surgido una nueva familia de métodos de investigación en salud que se agrupan bajo el nombre global de investigación cualitativa y de medicina narrativa. Aprender a construir buenos relatos con sentido ante los problemas crónicos de salud será una de las tareas de los profesionales sociosanitarios de los próximos años.

Para concluir, ¿qué balance haces de estos últimos años en el sector de la formación?

Quienes nos dedicamos a la formación solemos tener afición a aprender. Cada curso que preparo es un reto pues me obliga a actualizarme en el tema en concreto y ello repercute, creo, en la calidad de la asistencia que presto a los pacientes que atiendo.

Los formadores aprendemos al menos tanto como lo que intentamos enseñar. Por ello mi balance es muy positivo. Es sobre todo una cosecha de retroalimentación de profesionales veteranos y motivados que plantean dudas a las que intento contribuir a resolver.

¿Han cambiado las necesidades formativas del sector?

Una de las pocas cosas positivas de la pandemia COVID es que nos ha arrojado el ciberespacio. A allí es donde hay que buscar a día de hoy la información. Pero la formación es otra cosa, la formación es aprender a seleccionar, a digerir y a utilizar la información con un criterio crítico.

El sector de la formación a día de hoy, a mi parecer, ha de focalizarse en la transmisión de valores, tanto epistémicos, que permitan diferenciar el buen del mal conocimiento, como prácticos, que permitan buscar la información estrictamente útil para la práctica profesional. Es ya imposible competir con la inteligencia artificial, no ya sólo jugando al ajedrez, sino también tomando decisiones clínicas basadas en la evidencia. Dejemos la información a Chat GPT, centrémonos en el conocimiento.

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